jueves 14 de junio de 2007

Luz..

Se vio contando sus cosas, descubriendo que muy poco de lo que tenía le sería útil, intentaba armar la valija que todo viajero debe tener, su tiempo se compartía entre recordar el pasado y la tarea de buscar un destino y más demoró en decidirlo que en llegar. Dejó todo atrás, incluso ese tal aprecio que muchos tienen por obligación en donde el entraba.
Su vida estaba vacía, su luz la pensó robada y sin estar conciente de ello era eso lo que quería recuperar, era esa su búsqueda. Aprendió a respirar, a caminar, a guardar silencio, conoció quien era y entendió que era un error pensar en significar algo para alguien. Sintió paz, libertad y hasta llegó a creerse feliz, pero cierto día su débil corazón cedió, y de nuevo sus ojos fueron cegados por la misma luz que creía olvidada. La deseó, tanto, que en su afán de conseguirle su cuerpo perdió, sucumbió ante el trajín y la desconsideración de una vida desordenada. Solo la luz lo sacó de la cama en la cual seguramente muchas vidas habrían terminado.
Un nuevo comienzo tuvo lugar, las que fueran sus preguntas ahora no eran más que una lista de pensamientos estúpidos, una perdida de tiempo que entre tantas cosas lamentó. Su propósito era convertirse en luz para alguien que quisiera también encontrar.
Él y su luz ahora vivían juntos, enamorándose entre sí, compartiendo la sabiduría y el reconocimiento del SER que en distintas formas todos tenemos. Su luz siempre debió estar con él, solo que, debía caminar a oscuras para ver cuan dañino resulta el egoísmo, para entender cuan importante era la luz en su vida.
Hoy caminan siendo ella quien marca el camino y siendo él el combustible que la mantiene encendida.
A Kariné Perl por su significativa compañía.

viernes 16 de febrero de 2007

Su mayor ambición siempre fue controlar la magia que en ocasiones dirige su vida, en un mundo en que sólo se acepta lo perceptible por los 5 sentidos no le era fácil entenderse con el “sistema”, esa vida de mierda que todos proponen
Ella, una extranjera en el extranjero, lejos, bien lejos donde sólo el poder de “La Gran Madre” les permitía mantener comunicación, hechicera sin saberlo, le dio a beber su más peligrosa pócima una tarde pasadas escasas horas del alba con un clima frío y de sol candente, descripción que sólo es posible en territorios opuestos.
Accidentada fue su historia hasta el punto de decirse adiós, de esos adioses que no significan otra cosa más que “nunca me dejes”.
Cierto día se encuentran sin ninguno esperarlo, ella ahora es de “él” pero ese “él” no es el mismo del que les hablé al comienzo, que al enterarse sufre callándolo para no echar por suelo su orgullo, magia, mera magia maneja el resto del día, comienzo del otro y de nuevo los reproches, los adioses Él le quiere ella dice también quererlo, pero el otro “él” siempre estuvo allí y tomó provecho de su cercanía para con ella. De repente uno de tantos juegos que solían practicar (Ella y Él) se hace cargo de la situación y para cuando reaccionan se dan cuenta que son muy pocos los centímetros los que los separan, que la ropa les estorba, la luz es perfectamente baja y el amor les pide prestados sus cuerpos para manifestarse. Solo son Ella y Él, aunque a decir verdad pronto dejaron de ser dos y fundiéndose en uno “La Gran Madre” hace de las suyas. Él ahora entiende que aún cuando Ella esté con el “él” que no es Él, siempre será suya al menos en el recuerdo, y eso basta para su corazón que le anima a entender su partida.
Quizás esta vez Él debió decir otro de esos falsos adioses para pedirle que nunca le deje, o quizás su pensar es que ya no hace falta disfrazar las palabras pues aún sin pronunciarlas parecen llegar a su destino. A Ella la espera un regreso a casa incluyendo el encuentro con el “él” que no es el mismo Él con el que acababa de estar. A Él le espera un largo viaje a su vacío mundo de sueños pero esta vez llevará consigo el recuerdo de tan extraordinario encuentro. Él le quiere, ¿y ella?