Se vio contando sus cosas, descubriendo que muy poco de lo que tenía le sería útil, intentaba armar la valija que todo viajero debe tener, su tiempo se compartía entre recordar el pasado y la tarea de buscar un destino y más demoró en decidirlo que en llegar. Dejó todo atrás, incluso ese tal aprecio que muchos tienen por obligación en donde el entraba.
Su vida estaba vacía, su luz la pensó robada y sin estar conciente de ello era eso lo que quería recuperar, era esa su búsqueda. Aprendió a respirar, a caminar, a guardar silencio, conoció quien era y entendió que era un error pensar en significar algo para alguien. Sintió paz, libertad y hasta llegó a creerse feliz, pero cierto día su débil corazón cedió, y de nuevo sus ojos fueron cegados por la misma luz que creía olvidada. La deseó, tanto, que en su afán de conseguirle su cuerpo perdió, sucumbió ante el trajín y la desconsideración de una vida desordenada. Solo la luz lo sacó de la cama en la cual seguramente muchas vidas habrían terminado.
Un nuevo comienzo tuvo lugar, las que fueran sus preguntas ahora no eran más que una lista de pensamientos estúpidos, una perdida de tiempo que entre tantas cosas lamentó. Su propósito era convertirse en luz para alguien que quisiera también encontrar.
Él y su luz ahora vivían juntos, enamorándose entre sí, compartiendo la sabiduría y el reconocimiento del SER que en distintas formas todos tenemos. Su luz siempre debió estar con él, solo que, debía caminar a oscuras para ver cuan dañino resulta el egoísmo, para entender cuan importante era la luz en su vida.
Hoy caminan siendo ella quien marca el camino y siendo él el combustible que la mantiene encendida.
A Kariné Perl por su significativa compañía.
Su vida estaba vacía, su luz la pensó robada y sin estar conciente de ello era eso lo que quería recuperar, era esa su búsqueda. Aprendió a respirar, a caminar, a guardar silencio, conoció quien era y entendió que era un error pensar en significar algo para alguien. Sintió paz, libertad y hasta llegó a creerse feliz, pero cierto día su débil corazón cedió, y de nuevo sus ojos fueron cegados por la misma luz que creía olvidada. La deseó, tanto, que en su afán de conseguirle su cuerpo perdió, sucumbió ante el trajín y la desconsideración de una vida desordenada. Solo la luz lo sacó de la cama en la cual seguramente muchas vidas habrían terminado.
Un nuevo comienzo tuvo lugar, las que fueran sus preguntas ahora no eran más que una lista de pensamientos estúpidos, una perdida de tiempo que entre tantas cosas lamentó. Su propósito era convertirse en luz para alguien que quisiera también encontrar.
Él y su luz ahora vivían juntos, enamorándose entre sí, compartiendo la sabiduría y el reconocimiento del SER que en distintas formas todos tenemos. Su luz siempre debió estar con él, solo que, debía caminar a oscuras para ver cuan dañino resulta el egoísmo, para entender cuan importante era la luz en su vida.
Hoy caminan siendo ella quien marca el camino y siendo él el combustible que la mantiene encendida.
A Kariné Perl por su significativa compañía.
